“La realidad aunque nos duela”
Por Rubén Darío Buitrón
“La manera en que hagas tu trabajo determinará la forma en que el mundo comprenderá la realidad”. Lo dice James Natchwey, uno de los mejores reporteros gráficos del mundo.
Veinte estudiantes de periodismo de la Universidad de las Américas escuchan las enseñanzas, experiencias, filosofía con la que trabaja el famoso “fotógrafo de guerra”. Se trata de un documental conmovedor.
Un documental donde cada palabra, gesto y actitud del maestro invitan a una profunda reflexión sobre el deber de quienes estamos en el oficio y a ratos parecemos perder el rumbo.
Natchwey, nacido en Estados Unidos en 1948, es un testigo de su tiempo. Solitario, vagabundo, con una altísima sensibilidad social y un elevado manejo de la ética, es el Kapuscinski de la fotografía.
Ha vivido de cerca, incluso a riesgo de su vida, las trágicas experiencias fratricidas y separatistas en Kosovo y Bosnia. Ha estado en Indonesia registrando los abismos espeluznantes entre la riqueza arrogante de unos pocos y la pobreza infernal de miles de millones de habitantes.
Cómo Kapuscinski, vivió en África. Documentó la irracional matanza de millones de personas en Ruanda y el avance apocalíptico del Sida en las regiones más miserables del continente. “El periodista debe ser humano, con un sentido social profundo”, dice Natchwey.
Y lo muestra en su práctica cotidiana. Revela al mundo que la realidad no es como la disfrazan sino como lo es. Revela que muchos medios pasan de largo ante el dolor, el sufrimiento, el hambre, las epidemias, la contaminación. Revela que el periodismo debe situarse lejos del poder (político, económico, jurídico) y ejercer el rol de contradictor.
“Si a Vietnam no hubieran ido fotógrafos y periodistas honestos nunca se habría conocido el horror que se vivió allí”, reflexiona Natchwey y hace la cita como el referente que lo llevó a decidirse por la fotografía documental. Vivir, sentir, oler, escuchar. Acercarse con respeto a las personas, en especial a las que menos tienen, a las que nunca han tenido voz. Natchwey enseña que el buen periodista no elude la realidad.
La dice aunque duela: “Hay otra sociedad paralela que vive, ama, sufre y lucha, pero no está en los medios”. Critica que el periodismo no se empapa de vida y que se deja atrapar por la moda del jet set, los famosos, la farándula, el sexo.
“Si el periodista no lleva en su cabeza la biblioteca del sufrimiento es parte de una profesión enferma, a la que parece no importarle lo que ocurre más allá de sus narices”.
Natchwey clama porque acabemos con la indiferencia, porque nuestro trabajo sirva para que la gente reaccione, no pueda dormir, actúe. Afirma que en todas partes “el discurso oficial suele mentir, tapar, disfrazar”. Por eso el periodista debe investigar, ser riguroso, perfeccionista, socialmente comprometido.
Cuando la prensa y los políticos privilegian los decires por sobre los haceres, cuando los fanatismos de uno y otro lado enceguecen al país, cuando la tolerancia mutua ha perdido su rumbo, vale volver a la filosofía de Natchwey.
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