Bájate “Animal de Graderío”, de Esteban Michelena: premio 2007 a la mejor crónica
Presentamos el texto original que mereció el primer lugar del concurso Jorge Mantilla de diario El Comercio en la categoría Crónica.
En Animal de Graderío, según la revista SOHO donde se publicó la nota ganadora, Esteban Michelena se enfrenta “a la soledad del área chica de su memoria”.
Se trata de una historia “retro”, allá por los años 70, donde “las comidas criollas, los personajes, los futbolistas negros y héroes de su infancia, desfilan en este viaje íntimo y apasionante: el de un narrador pura sangre, enfrentado a la nostalgia de todo lo que aprendió a amar, disfrutar, odiar y entender, cada domingo, desde las gradas del Olímpico Atahualpa”.
Bajarse “Animal de Graderío”, Esteban Michelena, publicado en revista SOHO/Ecuador
Recordar la lista completa de ganadores del premio
La crónica: “se escribe como se vive”
Como un aperitivo para seguir con la lectura, dejamos los primeros cinco párrafos del texto original y al final el documento se lo puede bajar completo en un liviano archivo en world (.doc).
“Todos vuelven… Ya lo dijo Rubén Blades. Y uno es lo que, a hacha y machete, fue construyéndose. Desde el principio. ¡Que tiempos esos, de animal de graderío! Verano de 1970. Estadio Olímpico Atahualpa. General Sur. Tengo como siete años. Y soy la sombra de mi viejo. Así, “sin saber leer ni escribir” empiezo a hallar en el graderío una suma de momentos, tan potentes, plenos y luminosos que, treinta y tantos años más tarde -ahora que me percato- explican bastante de mi forma de comparecer, luchar y gozar la vida. El fútbol. Y mi periodismo. Porque como dijo el Pacho Maturana: se juega como se vive. Y se escribe, como se vive. Entonces, ésta va de retro.
Mi pequeño mundo de General Sur, más parecía una película de barrio mexicano. ¡Cada personaje! Mi viejo –uno de los contados devotos de la U. Católica- y sus análisis técnico-socio-táctico-sicológicos, aplicados a un Nacional-Barcelona en medio de verdaderas conferencias sin pizarra que, a voz en cuello, se realizaban con los otros habitantes del graderío.
El tío Carlos, hincha del extinto América, mano pesada y dueño de un vozarrón que se escuchaba en toda la General para insultar a los árbitros y pedir cerveza helada. Y mi otro tío, Ignacio María… ¡un cura! Quien –bajo la luz del Señor, supongo- tenía el ñeque suficiente para llegar al estadio… con el uniforme de párroco, pues. Y claro, hacerse el metafísico, cuando algún ocurrido le gritaba: “Taita Cura, mejor bendiga a ese árbitro hijueputa… ¡Por que le voy a meter un tiro!”.
En General Sur también aprendí a cantar el himno nacional con mano al “wacho” e inigualable unción cívica. No podía ser de otra manera, si –para entonces que regía eso de los “puestos fijos”– tres gradas arriba teníamos, todos los domingos, a un veterano ibarreño que, más con su bastón que con sus dudosas credenciales de “Héroe del 41”, promovía el cantar con entusiasmo y sin errores”.
Bajarse “Animal de Graderío”, Esteban Michelena publicado en revista SOHO/Ecuador
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