"No hay democracia en un estado de corrupción"

Entrevista con Alexandra Ayala

Periodista guayaquileña radicada en Quito. Lleva 20 años de ejercicio profesional y mantiene una columna semanal en el diario Hoy. En esta entrevista habla de sus presupuestos éticos y de sus convicciones.

¿Cuál es el estado del periodismo en el país?

Me parece que en los cuatro últimos años, a partir de la crisis y a pesar de la corrupción, hay en el país un intento generalizado por ser mejores, lo que atañe también a los periodistas. La gente más joven tiene mucho interés por ser mejor.

Ahora, hay un gran porcentaje de profesionales, sobre todo entre quienes hacen periodismo de información, que no tiene conciencia de lo que significa ser comunicador o comunicadora social y, en este sentido, orientador de ese abstracto que se llama la opinión pública.

En términos generales, me parece que falta un sentido de la responsabilidad, que se manifiesta inclusive en el uso del lenguaje. En el periódico Hoy, por ejemplo, tenemos un Defensor del Lector que cada semana señala los errores en los que incurren los mismos periodistas del diario. En el uso del lenguaje se manifiesta la responsabilidad frente a la noticia, a la confirmación de la noticia. Luego, hay que hacer una diferencia entre el periodismo televisivo, escrito, y radial. Considero que en la televisión es donde más se nota el poco cuidado en el manejo del lenguaje, y una utilización de la información para el vedetismo. La columna “A control remoto”, que mantiene Roberto Aguilar en El Comercio, ha puesto al descubierto esos defectos. Y eso le ha faltado al periodismo entre nosotros: la posibilidad de la crítica.

¿Hay una libertad efectiva de opinión en el ámbito periodístico?

El asunto dentro de la comunicación social es la modulación del lenguaje, como en el dial de la radio que se va sintonizando poco a poco hasta que se ubica el sonido exacto o casi exacto: decir lo que se quiere decir, significar lo que se quiere significar sin herir la sensibilidad de los dueños, de los escuchas o de los lectores.

¿Usted, que ha tomado partido por la causa de las mujeres, cómo mira las correcciones verbales introducidas por las feministas en la escritura. No cree que ha llegado a excesos, como el uso del signo @, para referir simultáneamente lo masculino y lo femenino?

En todas las lenguas, o por lo menos en las occidentales, que conocemos más de cerca, ha habido un ocultamiento de la presencia de las mujeres. El hecho de considerar que lo masculino, el hombre en particular, globaliza y engloba todo, me parece una concepción totalitaria del mundo. En este sentido, encuentro muy pertinente la insistencia de las feministas respecto al lenguaje, a la necesidad de usar los géneros gramaticales adecuadamente y no considerar que “el hombre” encierra a la humanidad. Cierto que hay excesos, pero no les temo a los excesos o radicalismos porque son parte de la evolución de la humanidad. Creo que poco a poco se irán afinando estas posturas sobre el uso de lo femenino en la lengua castellana. Pero, pretender feminizarlo todo me parece a su vez un error, como el empleo del signo @ me parece de pésimo gusto, una barbaridad. Más importante que la feminización de las palabras es el cambio de mentalidad, y ese cambio es el que a su vez puede transformar el lenguaje.

¿Qué entiende por “compromiso”, el concepto que ha lanzado Símbolos de Libertad, como un guiño cómplice a los/las periodistas ecuatorianos?

Hay un compromiso ético insoslayable, que parte de tener muy claro cuál es la esencia, el sentido, la deontología, el fin último del ejercicio profesional. Si estamos aquí y ahora, no podemos ser indiferentes a lo que ocurre aquí y ahora, ni a los valores éticos que queremos propugnar. Los principales son, a mi entender, la lucha contra la corrupción administrativa y un compromiso con la paz. Creo que a partir del 11 de septiembre entramos en un nuevo momento de la historia de la humanidad: el surgimiento de una civilización y de una cultura que, aunque no nos guste mucho a los occidentales -y a las occidentales en particular-, ha sido silenciada por mucho tiempo.

Cuando el Presidente Bush acaba de lanzar una nueva proclama de guerra, la posición de los comunicadores frente a la paz me parece determinante. No podemos hablar de democracia en la guerra, no podemos hablar de democracia en estado de corrupción, en estado de dictaduras solapadas, ni en un régimen de intolerancia.

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