Álvaro Vargas Llosa: el cazador cazado

Si algo le pareció notable a Alvaro Vargas Llosa sobre la conversación que sostuvimos fue el hecho de que un entrevistador era entrevistado sobre la entrevista. "Curioso ¿no?" dijo al reflexionar sobre eso.

¿Cuáles son en tu concepto los resortes que mueven "el arte de la entrevista"?

Yo creo que hay tantas entrevistas como entrevistadores, no creo que haya una sola forma de hacer entrevistas. Creo que cada entrevista refleja eso que llamas los resortes de cada entrevistador. El tipo de química que se establece entre un entrevistador y un entrevistado condiciona un poco su acercamiento.

Así como hay tantos estilos de entrevista como entrevistadores, hay una gama infinita de maneras de relacionarse con el entrevistado. Lograr que un personaje transmita sus puntos débiles, sus traumas o sus fobias y al mismo tiempo transmita lo mejor que hay en él, de inteligencia y de sensibilidad es lograr algo parecido a la entrevista ideal.

Otro factor que creo fundamental para la entrevista ideal es el elemento sorpresa. Tiene que haber en el entrevistado elementos que el entrevistador y el público no previeron. Y si el personaje es muy famoso con mayor razón.

¿Es común la creencia de que hay que preparar la entrevista, de que no se puede ir de cacería sin munición?

Hay que tratar de prepararlas, pero las mejores entrevistas son aquellas que salen con una fuerte dosis de improvisación, de espontaneidad y de misterio. Un entrevistador, por respeto a su público, tiene la obligación de saber a quien va a entrevistar, pero creo que eso solo como un elemento de apoyo.

Lo más rico de una entrevista está en el dialogo, en la química que se establece. Y esa química no es producto de una elaboración previa sino un elemento espontáneo que nace en el momento mismo en que cruzan palabra los dos personajes. Es una creación y como toda creación tiene un elemento de espontaneidad. Y además es una creación de más de una persona, por tanto es una creación que nadie puede prever.

¿Qué sucede cuando no hay empatía?

Pueden ocurrir dos cosas. Una, que se establezca casi un odio entre entrevistador y entrevistado. Sin embargo, esa falta de entendimiento no significa que falte fluidez a la entrevista. Y tampoco significa, necesariamente, que no haya elementos curiosos, o interesantes. La falta de empatía puede crear una buena entrevista también.

La otra, la más común, que la entrevista no vaya a ninguna parte, que no haya fluidez, que el entrevistador no logre abrir la sensibilidad de su entrevistado. Que este quede como agazapado en un ring de box y el entrevistador no logre abrirle la guardia. Esa es una entrevista que evidentemente va al fracaso. Es una entrevista que no logra la clave: engatusar al entrevistado, seducirlo, hacerle trampa, montarle una celada para que el entrevistado empiece a abrir su mundo interior con lo bueno y lo malo.

¿No sucede a veces que los periodistas son quienes se creen los destinados a dar la sorpresa?

Hay entrevistadores que son más importante que sus entrevistados. Por lo general uno tendería a pensar que esto es malo, sin embargo hay un tipo de entrevistador que puede salvar una entrevista en la medida en que su propio histrionismo, su propio elemento juguetón o brillante, reemplaza la falta de brillo y de juego de su entrevistado y así salvar la entrevista. Esos casos son excepcionales. Lo que ocurre muchísimo simplemente es que opaca al entrevistado y la entrevista se convierte en un juego de egocentrismo antipático que mata a la entrevista.

En todo caso el entrevistador debe medir el ritmo de la entrevista. Esta va pidiendo mayor o menor protagonismo. El entrevistador debe tener la suficiente versatilidad, para medir el grado de protagonismo que debe tener. Saber cuando interrumpir, por ejemplo. Hay interrupciones que son indispensables y otras que son odiosas. El entrevistador generalmente cree que si su entrevistado se alarga demasiado tiene que interrumpirlo, porque si no parece que no controlara la entrevista. Esto a veces es un error, porque mata la fluidez del entrevistado.

Y también pasa lo contrario, no saber interrumpir a tiempo implica perder el dominio de la entrevista. El público percibe que el entrevistador es un simple vehículo por donde el entrevistado hace pasar su propia manera de ver las cosas. Tiene que haber intuición. Esto, más que un proceso racional, es un proceso intuitivo que tiene que ver con el movimiento de la entrevista: tengo que interrumpir… tengo que entrar… falta diálogo… falta química… tengo que provocarlo un poquito más… estoy interrumpiendo demasiado… estoy cortado su proceso creativo…

Conseguir eso es intuición pura.

¿En qué tiene que pensar el entrevistador? ¿En lo que ocurre al interior de la entrevista o en lo que está sucediendo en la mente de su público?

Esta es una gran pregunta que es muy difícil responder. Hay dos entrevistas, la que tú estas haciendo y la que el público está escuchando o leyendo o viendo y no siempre es la misma entrevista. Pero tú tienes que pensar en ambas. Si te vuelves un esclavo de lo que está pensando tu auditorio, deja de ser una entrevista auténtica y lograda.

Al mismo tiempo, si no tienes el menor interés en lo que puede estar pensando la audiencia y haces una entrevista caprichosa por lo general es una buena entrevista solo para ti. El buen entrevistador lleva la entrevista a ese punto de confluencia de ambos intereses, el suyo y el del público.

Y el tiempo exterior, el de televisión, el de paso a comerciales. ¿Cómo presiona?

Como te decía, la entrevista nunca va por el cauce que tu habías previsto. Las mejores entrevistas siempre tienen el elemento sorpresa, tienen una cierta apariencia anárquica, la entrevista que es demasiado organizada no es tan buena como una entrevista con mucha espontaneidad. Y claro, una entrevista con un poco de anarquía generalmente tiene un conflicto con el tiempo exterior. Entonces, eso también pertenece más a la intuición que al pensamiento racional. La intuición te va diciendo: ha pasado más de la mitad de la entrevista y no le he sacado ni la mitad de lo que yo quería obtener de este personaje, en cuyo caso hay que acelerar un poquito el ritmo.

O puede ocurrir lo contrario: ha transcurrido la mitad de la entrevista y he agotado demasiados temas, entonces el ritmo debe disminuir lentamente. Tienes que ir midiendo el tiempo exterior en contraposición a tu propia manera de ver las cosas. Y también considerar cuan satisfecho está el público con la entrevista.

Saber escuchar es una de las claves…

Probablemente el error más común de un entrevistador es no saber escuchar a su entrevistado. Hay una tendencia o a recitar preguntas. Generalmente eso ocurre muy al principio. Las primeras entrevistas de un entrevistador generalmente adolecen de esa falla, porque tiene que manejar muchos elementos. Aquellos que hablábamos anteriormente: el ritmo exterior, el auditorio, su preocupación por cubrir todos los temas. Como tiene todo ese rompecabezas en la cabeza al final el elemento más importante, el de saber escuchar, está ausente. Y sin escuchar no es posible ninguna empatía entre entrevistado y entrevistador.

¿Qué saca de casillas a Álvaro Vargas Llosa, de un entrevistado?

El estereotipo, la frase hecha, la frase que no tiene nada de personal o creativo. Los políticos generalmente son maestros en eso. El lenguaje del político es tan pobre y miserable que me molesta. También me saca de casillas la lentitud. Hay entrevistados que por más entusiasmo que tu pongas simplemente no están hechos para eso. Y es más desesperante cuanto tu te das cuenta que la persona tiene cosas para decir pero no la capacidad para decirlas. Es peor un inteligente incapaz de expresarse, que un idiota.

¿Cómo se siente el entrevistador cuando es entrevistado?

Es mucho más fácil ser entrevistado que ser entrevistador. Cuando terminé mi etapa política y volví al periodismo pensé, esto va a ser fácil, porque estaba muy acostumbrado a las entrevistas y a responder preguntas malintencionadas, duras. En la lucha política ese tipo de cuestionario es muy común. Pensé: esto va a ser muy fácil. Pero estaba equivocado, me di cuenta que entrevistar es mucho más difícil. La creatividad es mayor. La responsabilidad es mayor. El entrevistado puede ser irresponsable, puede decir tonterías, el entrevistador es mucho más responsable ante la cámara o el micrófono que su entrevistado.

¿Responsable con el público, o consigo mismo?

Con la cámara, con el público. Yo soy un hombre más libre cuando soy entrevistado que cuando soy el que hace las preguntas.

¿Cuál es el encanto de la entrevista? ¿Por qué su vigencia permanente?

Es la manifestación más humana. La del lenguaje. La que nos diferencia de las demás especies animales. Además hay el elemento del morbo. Somos animales chismosos, queremos saberlo todo. Queremos invadir la privacidad, queremos ser la otra persona. Y la entrevista es una de las formas que se han inventado para ser la otra persona.

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