Las visiones del fotoperiodismo
"Muchas veces la imagen es mucho más que la cosa de la cual ella es imagen". Paul Valery.
Las fotografías muestran lo sucedido y, a la vez, evocan lo que no es visible. Por eso, en la imagen de un accidente en la carretera habrá quienes "veamos", aún cuando ya no esté, al conductor que huyó dejando dolor y muerte tras de sí, mientras ciertas autoridades permanecen impotentes, ineficaces o impávidas; en la imagen del bochorno congresil, más allá de la mediocre actuación de esos políticos, "veamos" un cúmulo de electores con sus esperanzas frustradas y en la imagen de un helicóptero que se eleva de la terraza de Carondelet habrá quienes "veamos", inevitablemente, cómo se mueven los resortes de la impunidad.
De forma que, aunque los resultados del trabajo de los fotoperiodistas estén llenos de valor artístico, de lo que se trata es de narrar sucesos y circunstancias a través de una mirada más interesada en informar, que en sorprender con su lograda estética. Como lo ha observado el periodista español Eric Casais, "el periodismo tiene una responsabilidad social que, probablemente, no tiene el arte".
Así, las visiones del fotoperiodismo -cuando son logradas con la valentía, la honestidad y la fuerza que emana de toda creación genuina- nos permiten completar las nuestras.
Fotoperiodismo: fotografía y periodismo. Noticia, memoria, evidencia, testimonio, historia, mirada. Como "periodismo", la fotografía se apoyará en las exigencias informativas: registrar hechos y mostrarlos. Por eso, en su caso, el texto es contexto. Ese valor imprescindible tienen las notas adicionales (que editorialmente se conocen como pies de foto) que ayudan a percibir los acontecimientos -narrando circunstancias que no son evidentes, pero forman parte fundamental de la información- de manera más completa. En la medida en que el periodismo es "foto", el oficio requerirá apoyarse en el rigor estético. Una buena composición, un encuadre bien logrado, la proximidad al sujeto o a la situación fotografiada (o la necesaria lejanía de ellos) tendrán un efecto específico en la percepción que se tenga de la situación y, por tanto, de la noticia.
Sin embargo, al fotoperiodismo no se le deben hacer las mismas exigencias artísticas que a otras formas de fotografía. Andrés Garay Albújar y Jorge Latorre Izquierdo, en El fotoperiodismo en el diván sostienen que "el fotoperiodista no es un artista, al menos tal y como hoy se entiende: alguien que inventa también la propia realidad con la que se expresa. Su misión es informar y hacer posible que el público, a través de sus imágenes, vea confirmado su derecho al acceso de la información. El público no se pone en contacto con la fotografía de prensa para enriquecer su estética, sino para recopilar datos que le permitan comprender los acontecimientos". Por eso, concluyen, "lo más prudente para el fotoperiodista hoy sería desprenderse del lastre artístico de una vez por todas, y regresar otra vez a los orígenes de la fotografía, cuando los reporteros sólo eran profesionales que se ganaban la vida más o menos honradamente, pero que no aspiraban a ver una fotografía colgada en un museo". No obstante, si algo es tremendamente difícil, es poder escapar a la extraña belleza que emana de una fotografía periodística bien lograda, en la que información y estética se combinan y complementan.
Finalmente, el fotoperiodismo se nutre de la oportunidad, esa combinación "casi casual" de factores: estar en el lugar correcto, en el momento preciso y tener la reacción adecuada. Pero no se piense que el fotógrafo será sorprendido por los acontecimientos. Hace falta "disparar" mucho (analogía que en su argot significa tener la actitud del cazador frente a su presa) para que la oportunidad "encuentre al fotógrafo". Por eso es importante que en la búsqueda que emprende el fotoperiodista, sus sentidos estén alerta para documentar, con una mirada interesada en captar momentos vivos de las condiciones, las circunstancias y personajes que ha elegido fotografiar.
Sujetos a principios éticos que rigen el oficio y procurando mantener su credibilidad, los fotoperiodistas son cronistas que, en lugar de la palabra, se valen del lenguaje de la imagen, para dar testimonio de su tiempo. Su verdadera vocación, por tanto, está lejos de pretender que su trabajo tenga, como destino, ser exhibido en galerías.
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