Un taller con Kapuscinski

Experiencias del taller con Ryszard Kapuscinki organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano del 26 al 29 de abril del 2004 en Caracas, Venezuela.

La ganadora del X Concurso Nacional de Periodismo Símbolos de Libertad, Manuela Botero Thiriez, recibió como premio la oportunidad de participar en un taller con el maestro polaco Ryszard Kapuscinki. Aquí los secretos extraídos por Botero, al maestro.

Le llaman "el mejor reportero del siglo XX" y eso significa nada más y nada menos que él es uno de los hombres que mejor nos ha contado a través de su viva experiencia la historia -entendida como procesos sociales- de ese siglo que acabamos de cruzar.

Ryszard Kapuscinski representa el significado de la palabra "reportero" en su más pura acepción; para él, el buen periodismo es el periodismo "de a pie". Viviendo entre la gente, camuflados, como uno más, entre realidades en plena ebullición, en hoteles de mala muerte, atendiendo los caminos que el destino nos marque…

Estos destinos, en su caso, le dieron la oportunidad de asistir como 'invitado de la historia' a 17 revoluciones en 12 países del mundo, especialmente en su continente adorado: África.

En Lapidarium, una colección en la cual revela las vivencias que no pudo dar a conocer en las estrechas notas que escribió para la Agencia Polaca de Prensa desde ese continente entre 1959 y 1989, Kapuscinski lo afirma claramente "el tema de mi vida son los pobres".

"Cuando empecé a escribir sobre estos países -se refiere al Tercer Mundo- donde la mayoría de la población vive en la pobreza, me di cuenta que aquel era el tema al que quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas: sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos. La pobreza no llora, la pobreza no tiene voz (…) La pobreza no se rebela. Encontraréis situaciones de rebeldía solo cuando la gente alberga alguna esperanza. Entonces se rebela, porque espera mejorar algo. En la mayor parte de los casos se equivoca; pero el componente de la esperanza es fundamental para que la gente reaccione. En las situaciones de pobreza perenne, la característica principal es la falta de esperanza (…) Esta gente no se rebelará nunca. Así que necesita que alguien hable por ellos. Esta es una de las obligaciones morales que tenemos cuando escribimos sobre esta parte infeliz de la familia humana. Porque ellos son nuestros hermanos y hermanas pobres. Que no tienen voz".

"Mi intención sin embargo, es más ambiciosa. Mi intención es sobre todo la de mostrar a todos nosotros, los europeos, que Europa, o mejor dicho, una parte de la misma, no es lo único que existe en el mundo… que estamos rodeados por un inmenso y creciente número de culturas, sociedades religiones y civilizaciones diferentes. Vivir en un planeta que cada vez está más interconectado significa tener en cuenta esto, y adaptarnos a una situación global radicalmente nueva".

Esta búsqueda comenzó para este hombre nacido en Pinsk (Polonia) en 1932, después de haber estudiado historia y tras la decisión de que lo que él quería hacer era contar la historia desde la historia misma. Además tenía ya un contacto con algunos periódicos de las juventudes comunistas locales en los que se publicaban sus poesías. Porque antes que periodista Kapuscinki era un poeta.

En ese tiempo y debido a que ganó un premio, su editor decidió concederle el deseo de abrir la ventana del mundo. Le dijo que a dónde se quería ir y Kapuscinki le respondió que "a Checoslovaquia". Fue lo más lejos y los más exótico que se le ocurrió.

Lo mandaron a la India, a Pakistán y a Afganistán. "En 1956 tuve posibilidad de partir al extranjero por primera vez, a India, Pakistán y Afganistán, enviado por el periódico de las juventudes comunistas, el estandarte de los jóvenes. La directora me regaló para el viaje un ejemplar de las Historias de Herodoto (considerado el precursor del periodismo y en cuya historia trabaja ahora Kapuscinski) Con aquel libro inicié mi viaje en el periodismo, empezando por una escala de dos días en Roma. Italia fue el primer país que veía fuera del bloque soviético. Desde arriba, me acuerdo, vi una ciudad toda iluminada. Me hizo una tremenda impresión que aún hoy me dura. Y aquel libro me ha acompañado en todos mis viajes. Incluso ahora lo llevo siempre conmigo, como fuente de inspiración, reflexión y placer. Un modelo de objetividad e información completa para nuestro oficio de "investigadores del mundo".

Era 1956 y desde entonces no ha parado de andar el mundo. Un mundo que fue publicado como hecho noticioso en sus notas para la Agencia Polaca de Prensa (PAP) donde trabajó entre 1959 y 1981 y luego, como historia viva, en los 21 libros que ha publicado hasta ahora de los cuales seis se han traducido al español: El Emperador (un repaso por la ostentosa vida de Haile Selassie, el fallecido emperador de Etiopía) El Sha (habla de la vida y caída de Reza Palhevi, el dictador iraní derrocado en 1979) Imperio (un reportaje polifónico sobre los vastos territorios de la antigua Unión Soviética elaborado durante los decisivos años de 1989 a 1991) Los cínicos no sirven para este oficio (una elocuente recopilación de conversaciones con periodistas italianos) Ebano (una inmersión con alma, vida y corazón, al continente africano que muchos consideran su obra maestra) y Las Guerras del Fútbol (una recopilación de reportajes breves que dan cuenta de algunas vivencias de Kapuscinski en América Latina como el reportaje que le da nombre al libro: la guerra que se desató entre El Salvador y Honduras, en 1969)

"Ser corresponsal, un trabajo agotador, era mi única forma de tener dinero para viajar. Ahora bien, como periodista, tenía que estar sujeto a los criterios de brevedad y ahorro. No podía ofrecer un cuadro completo de la situación, en mis artículos no había sitio para las sensaciones, el trasfondo de las cosas, las reflexiones, los paralelismos históricos. Trabajaba en los países del llamado Tercer Mundo y redactaba informaciones muy "pobres". Reducía todo a los hechos desnudos. Pero así impedía que mis lectores obtuvieran un sentido de las proporciones. Fuera de su alcance quedaba un mundo inmenso. Por eso empecé a escribir libros. Volvía de los viajes con un material riquísimo que me permitía, en mi casa de Varsovia, explicar con calma el mundo de aquellos hechos que antes sólo había contado telegráficamente".

Como ganadora del X Concurso de Periodismo Símbolos de Libertad, en la categoría crónica, tuve -como premio- la oportunidad de ser alumna de Kapuscinski en un curso sobre "Migración y fronteras en tiempos de globalización" organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano -una fundación que realiza un trabajo constante por el mejoramiento de este oficio a veces tan despreciado- que se realizó en la sede de la Corporación Andina de Fomento (CAF) en Caracas a fines de mayo. En el marco de este encuentro se lanzó el libro que inicia la colección Nuevo Periodismo el cual recoge las lecciones ofrecidas por Kapuscinski durante los talleres organizados por esa fundación en el 2001 en México y el 2002 en Buenos Aires. El libro se llama "Los cinco sentidos del periodista" y aunque parezca una verdad de perogrullo, enumera las condiciones básicas que debe cumplir un periodista entes de escribir: estar, ver, oír, compartir, pensar.

Me parece muy interesante que precisamente un maestro de la talla de Kapuscinki recuerde estas condiciones que parecen tan obvias pero que hoy en día están a veces tan ausentes de las redacciones y de las catédras de periodismo. Subrayaría tres: estar, compartir, pensar…

Según Kapuscinki, en estos días en los que la presencia de los medios audiovisuales y en particular la televisión, es tan fuerte, el periodismo escrito debe reencontrar un espacio desde el cual pueda ofrecerle un valor agregado al lector. Ese espacio para él es precisamente un híbrido que el bautizó el "reportaje ensayístico". Y quiere decir lo siguiente: la televisión ya nos ganó con la imagen entonces el periodista escrito no se puede quedar en la descripción. Tiene que ayudar a entender y para hacerlo tiene que echar mano -además de su presencia y la convivencia con los hechos y sus protagonistas- del "pensamiento".

Dice Kapuscinki que antes de sentarse a escribir un libro sigue el siguiente método: primero haber convivido con el país y las personas sobre las cuales va a escribir al menos dos años; luego dedica unos 10 meses al procesamiento de su experiencia a través de varias vertientes: 1. La memoria de las situaciones y de las sensaciones -dice que en general ni siquiera lleva una libreta de apuntes porque considera que el mejor filtro de la información es la memoria-. 2. La lectura de todo el material escrito relacionado con el tema. En este punto dice , "(…) la sociedad espera que lleguemos a ella para que contemos que está pasando, para que interpretemos qué quiere decir la novedad. Eso nos impone la obligación de estudiar permanentemente y de todo. El periodista es un cazador furtivo en todas las ramas de las ciencias humanas: antropología, sociología, ciencias políticas, sicología, literatura…".

Se trata de una lectura dirigida y ordenada. "Cada libro es mi maestro. Leo conscientemente y siempre me preguntó ¿por´qué necesito leer este libro particular?" Una vez digerido el 'estado de la ciencia' respecto al tema que nos ocupa ("un periodista debe leer cien veces más de lo que va a escribir. Esto es lo que le da fuerza a sus textos", dice) comienza la búsqueda de la forma que es la tarea que antecede a sentarse frente a la hoja en blanco (porque tampoco usa computador ni máquina de escribir) A estas alturas dice que lo que más le ayuda es leer poesía. "Antes de empezar a escribir leo mucha poesía para refrescarme porque creo que es allí donde los usos de la lengua se están enriqueciendo constantemente. Leo mucha filosofía también y ensayo literario".

"Cada vez que nos proponemos escribir acerca de un tema, debemos preguntarnos qué tiene de universal: cuál metáfora, símbolo o signo que nos permita pasar de lo pequeño a lo grande. Sólo si encontramos ese vínculo, este pasaje entre lo local y lo universal, nuestro texto tendrá peso y valor. Sólo así el lector descubrirá en nuestro texto, junto a la historia concreta, un mensaje universal, una pista que le ayude a descifrar las leyes del mundo. (…) Es una cuestión de talento, de intuición, pero también de amplitud de conciencia, de sabiduría. Y sobre todo, se trata del secreto para que unos textos perduren y otros se pierdan en el olvido".

"En mi opinión el verdadero periodismo es el del contacto vivo con la gente y con las situaciones: ese conocimiento directo constituye la base del reportaje serio y con ambiciones literarias. Internet ofrece un periodismo de información inmediata, sirve mucho pata acelerar la transmisión de datos. Sin embargo, acumular una enorme cantidad de información no sustituye al razonamiento, la reflexión, el entendimiento. Corremos el peligro de llegar a una situación en la cual los datos abunden pero nuestra imaginación no sepa cómo procesarlos y utilizarlos en nuestra vida práctica . Esta contradicción sintetiza el drama de nuestra cultura: acumulamos más y más datos, más y más rápidamente, pero hacerlo no nos ayuda a entender ni mejorar el mundo".

"No tengo recetas fijas o técnicas de trabajo preestablecidas porque no las hay en el campo de la creación , y allí se inscribe el periodismo escrito. Este trabajo, en sus manifestaciones más ambiciosas, requiere de una actitud individual creativa, de las propias formas de contar y hacer las cosas. Esa es la riqueza de nuestro oficio: cada uno tiene que desarrollar sus propias maneras de encontrar los temas y las maneras de expresarlos".

"A diferencia de otras actividades, donde en ocasiones es posible afirmar que alguien ha conocido mucho, en el periodismo nunca sabemos en realidad qué hacer, cómo actuar, cómo escribir… En cada artículo, cada reportaje, cada crónica, siempre estaremos empezando de nuevo, desde cero. Ni siquiera los libros que escribimos escapan a esta regla: ninguno nos va a servir mucho para el que sigue. Siempre estaremos al principio, nunca podremos estar contentos".

"Porque en esta profesión los estudios nunca se acaban. En medicina, en ingeniería o en administración se puede decir que, en algún punto, las carreras terminan; en periodismo esto no es así porque este oficio se ocupa de nuevos datos, nuevos hechos y nuevos problemas. Además nuestra profesión es transparente: todos ven cómo escribimos, es decir, cómo estudiamos, cómo investigamos, cómo reflexionamos. Y el lector vota cada día sobre nuestra suerte profesional. No cada cuatro o seis años, como les sucede a los presidentes, sino cada día".

"Si escribimos una carta con una mentira engañamos a una persona. Si decimos algo que no es cierto a través de la televisión podemos engañar a un billón de personas. Esto pone en otra dimensión los problemas éticos de nuestra profesión, ahora cuando el rol de la información mediática en la formación de la mentalidad humana crece más y más", concluye Rizsard Kapuscinki, el reportero-ensayista.

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