Crónicas del asfalto. El reto del periodismo urbano. Taller de periodismo urbano con Francisco de Gois Filho

El que Francisco de Gois llama "periodismo urbano" ha llamado la atención a más de un reportero, acostumbrado a dividir el quehacer de la prensa entre periodismo y comunicación comunitaria y nada más.

Como que crear una especialización de los temas de las ciudades, en medios que se consideran a sí mismos como un poder en el Estado y que solo piensan en salvar al mundo, no constaba en la agenda de nadie.

Pero sí en la de este brasileño, quien está convencido que los periodistas "tenemos un mandato del pueblo que cumplir" y por esa orden superior es que resulta necesario entender que la comunicación crea estas "Crónicas de asfalto: el reto del periodismo urbano", como se tituló al taller que dictó en Guayaquil y en Quito, este mes de mayo.

Chico, como se les llama con cariño a los Francisco en el verde y amarillo Brasil, se ha propuesto desarrollar una técnica específica para encarar los temas de las ciudades. Con un antecedente fundamental de anotar: existe un periodismo general, el que se encarga de las noticias políticas, de deportes, de espectáculos, económicas, internacionales, las que responden al interés del poder central, aquellas informaciones que muchos creen trascendentales e inevitables, la razón de ser de los medios de comunicación que encuentran su fundamento en lo macro, cuando de Gois cree haber descubierto la esencia en lo micro.

Chico de Gois introduce su concepto de la siguiente manera: "basta una rápida mirada cuantitativa a los medios impresos y audiovisuales de comunicación para concluir que la monarquía mediática -como todo buen reinado- tiene escasos artífices: la política, la economía, los deportes y el espectáculo. Y, cuando hablan los 'reyes' -encarnados en unas cuantas figuras públicas- el resto se calla. Son los 'famosos', por cualquier actividad, los que llenan las planas de los periódicos. La gente común y corriente, las rellena, en el mejor de los casos, a través de la crónica roja. Pero, paradójicamente, son esas personas las que hacen los países y son ellos y ellas -apoyados por los mass media- los que se encargan de elevar a los 'famosos' a esa categoría".

No es que se oponga a que exista una línea informativa a través de la cual se expongan y se discutan los grandes temas nacionales –se declara convencido de que es muy importante defender el estado de derecho-, pero valorizar los pequeños temas callejeros es una luz que permite entender mejor el mundo y a quienes lo habitan.

Este acontecimiento académico fue organizado por ITABSA, a través de su Programa de Periodismo Símbolos de Libertad, como parte de sus Jornadas Periodísticas 2004, las cuales apoyan la Fundación El Universo y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) todos unidos por el afán de buscar "la excelencia periodística". 38 periodistas ecuatorianos se enriquecieron de las experiencias de este comunicador sereno y contundente.

Piensa que el trabajo de cobertura periodística de las voces del poder lleva, casi inevitablemente, a plantear una discusión, sobre la cual Chico de Gois dio algunas pistas en una conferencia realizada en la Universidad Andina Simón Bolívar. Basta ver el título: "La agenda informativa, ¿interés público?".

La discusión es profunda, pues hay una tendencia, que se manifiesta con frecuencia y diversa intensidad, de los directivos de los medios por dar más despliegue a aquello que dijo el funcionario tal o el directivo cual, quienes están en capacidad de hablar directamente con el director de noticias para solicitarle la publicación de su declaración, así los contenidos de dicha información no aporten en nada a la discusión de los problemas fundamentales.

Y lo que es peor, así dichas noticias lleven implícito un deseo de figuración o, aún más grave, de manipulación. De Gois afirma que los medios de comunicación no pueden ser el canal a través del cual un diputado responda a otro y este le conteste, porque eso es, inclusive, forzar al límite la imposibilidad de los receptores de escoger lo que quieren leer, no hay opciones.

Existe una fuerza invisible que arrastra a los medios y a los periodistas a ocuparse de informaciones que, de pronto, se volvieron de interés general. "Hacer el discurso que la mayoría quiere es muy fácil". Es real esa tendencia a regirse a la agenda informativa oficial, lo que dicen el Presidente, sus Ministros, los Alcaldes, la Policía. Lógicamente, dice Chico, esas informaciones deben ser publicadas, pero "tenemos que hacer un periodismo crítico y plural", lo que implica tener una agenda informativa diferente a la agenda oficial, evitar a toda costa publicar esas informaciones como están, someterlas al tamiz de la crítica y la pluralidad (aunque sucede que el poder, en ocasiones, se apropia de la agenda que proponen los medios de comunicación)

Llama la atención que no se puede creer directamente en una información oficial y cita a Tomás Eloy Martínez, quien ha afirmado que hay que dudar de todo y utiliza sus propias palabras para insistir en que con la Policía, como fuente, hay que tener mucho cuidado.

Relata el caso de un grupo especializado de la policía de São Paulo, que asesinaba a quienes ellos juzgaban como delincuentes. Después de dispararles, les colocaban una pistola en la mano, apretaban el gatillo con el dedo ya sin movimiento de la víctima, lo llevaban al hospital donde declaraban que había muerto en el trayecto. Así, todos los frentes estaban cubiertos para no crear sospechas desde un punto de vista legal. Pero se enfrentaron, como ocurre siempre, con el padre de una de las víctimas, y con periodistas que creyeron más en las palabras del dolido ciudadano que en la información oficial de la Policía. Tras una paciente y profunda investigación, se destapó "la olla de grillos".

En la calle está la vida

Esto nos lleva al segundo ámbito informativo, es precisamente la otra arista que apasiona a Chico, aquella en la que el periodista tiene que gastar mucha suela de los zapatos en las calles, la reportería de la ciudad, de la comunidad inmediata, de los problemas cotidianos y de los intereses más locales. Allí donde está la realidad.

De hecho, afirma que tener una agenda diferente a la oficial es una tarea de los reporteros, ellos son los primeros en estar en contacto con la realidad, son quienes tienen la posibilidad de escuchar a la gente para percibir sus carencias y pueden proponer otros temas que se salgan de la agenda del poder. Y otro elemento, ¿vemos la realidad desde los ojos del poder o desde los ojos del pueblo?

¿Cuáles son los temas? Los talleristas y Chico de Gois identificaron una lista de 16 grandes temas, entre los que se puede mencionar: educación, salud, seguridad, gobierno local, personajes, organizaciones comunitarias, transporte, medio ambiente y derechos humanos. De cada uno de esos asuntos macro se puede disgregar en decenas de historias de interés y descubrirlas es responsabilidad periodística de los reporteros.

Por la gran variedad de eventos de interés es bueno especializarse pero, al mismo tiempo, tener una visión completa de todo. No conviene que un periodista especializado en transporte no esté en capacidad de desarrollar una noticia –que apareció de urgencia- sobre educación, por ejemplo. Quienes se especializan en un tema determinado tienen un conocimiento más profundo de los entretelones del ese asunto y han desarrollado una mejor relación con las fuentes.

Ser profesional siempre

Las fuentes son capítulo aparte, porque es casi imposible crear un manual universal de tratamiento de los informantes. Pero hay verdades que para Gois son absolutas. Compete aquí referir que existen dos tipos de fuentes: las personales y las bibliográficas; de las dos hay que tener cuidado, una persona puede emitir una información sesgada con alguna intención. Y una organización puede emitir un documento oficial en el que se obvia cierta información con el fin de manipular la percepción sobre ella. Hay una vacuna infalible para evitar todos los males que persiguen a los comunicadores: la investigación, solo a través e la investigación se puede hacer periodismo del bueno.

Otra verdad absoluta es que hay que diferenciar claramente la técnica de cultivar la fuente, que no es igual y se opone a convertirse en amigo de la fuente. "Las personas tiene que entender que somos profesionales", advierte y agrega que "la credibilidad es nuestro apellido y es lo que vale". Una manera de graficar la presente afirmación es la frase manifestada por un legislador brasilero, con fama de corrupto, quien dijo: "nunca dé información a un periodista que quiere plata, nunca dé plata a un periodista que quiere información".

Y, tomado desde la otra vía, considera que nunca se debe pagar por una información, como tampoco se paga con favores cierta información que ha entregado una fuente, como publicar alguna nota que se sabe que interesa mucho al informante.

De hecho, el personaje que invita a un periodista a una reunión social debe saber de antemano que el comunicador acudirá como un profesional y que todo lo que escuche o vea es materia de noticia.

Un hecho, una investigación, una noticia

Pero, bien, es hora de salir a la calle de la mano de Francisco de Gois Filho. Lo primero es tener un tema, pero no uno cualquiera. "Tenemos que saber si el tema tiene combustible suficiente para que llegue a donde queremos que llegue", dice –y hace referencia a lo dicho por Alma Guillermoprieto, en su texto El Reportaje-, lo que implica tener la sabiduría suficiente para desechar un asunto que no resulta ser de interés público.

"Para tener un buen reportaje hay que buscarlo", sentencia, hay que mirar aquellos detalles que no ve el resto, tener filing para percibir dónde está la verdadera información e ir blandiendo el espíritu crítico siempre. Para ello menciona las siguientes premisas: el periodista debe ser selectivo, la información recabada debe ser transmitida con claridad, que significa hacer comprender al receptor sin hacerle sentir que está aprendiendo –para ello basta ser directo y objetivo-; la información debe ser manejada con responsabilidad –los adjetivos no sirven para este fin-; se debe contar lo último que ha sucedido para que la información sea todo lo completa que se pueda; y, es necesario estar seguros de cada detalle de la información.

Sobre esto último surgen algunas sugerencias de de Gois, como que el rumor no es una noticia, apenas es el inicio de una, "debemos tomar conciencia de que la primera información no nos sirve"; no por lucirse con una primicia se puede caer en imprecisiones, si no se tiene certeza hay que detener la publicación de la información (Gabriel García Márquez, citado por Chico, ha dicho que la mejor noticia no es la que llega primero, sino la mejor hecha)

Por ahí va otra verdad, las notas hay que hacerlas rápido, pero no al apuro. Se parece, pero no es lo mismo. Producir una noticia al apuro significa no tener cuidado con la veracidad de la información que se está transmitiendo. ¿A cuántas personas que no se han muerto las mataron los periodistas? La celeridad por la primicia puede llegar a niveles inusitados.

Chico analizó las noticias emitidas por tres periódicos de su país sobre un mismo suceso y se descubrió que había más diferencias que semejanzas. Y no es que se analice la manera de contar la historia, la estructura o el punto de vista utilizado por cada uno. Cambiaban el nombre de la víctima, su profesión y las circunstancias en las que sucedió un hecho delictivo. Todos los días se puede hacer este ejercicio.

Interpretar, no calificar

El espíritu crítico, del que se habló antes, implica necesariamente una interpretación de los hechos fríos a los que se enfrenta un periodista. El riesgo es que la línea que separa la interpretación de la opinión personal o del simple y llano invento de hechos es muy delgada, pero resulta fundamental aquella interpretación que coloca a la información en un contexto. Normalmente, el resultado de la interpretación se puede notar en la estructura narrativa que escoge cada periodista.

En realidad, según lo dicho en el taller "Crónicas de asfalto: el reto del periodismo urbano", hay un interés de los receptores por saber de la vida privada de los otros, pero el periodista debe tener la suficiente inteligencia para diferenciar entre los privado y lo particular. Esa inteligencia se nutre mucho con la ética del comunicador, que es un valor individual.

Completa, relevante y honesta

Hay unas sugerencias que Chico de Gois entiende como buenas señales para saber reportear, tomadas de las reglas de The Washington Post, "que valen para todos nosotros": saber que la noticia que tengo está completa; saber que el tema sí es relevante; y, tener la honestidad suficiente para tomar en cuenta todos los ángulos, sin discriminaciones ni prejuicios, sin inducir al receptor para que interprete los hechos de una u otra manera.

Aconseja, en cuanto a lo formal, no usar una redacción poética porque resta precisión a la información y está seguro que es suficiente escoger la narración adecuada, elegir lo que se dice y decirlo de una manera amena. No cree que cada comunicador desarrolle un estilo periodístico, más bien es partidario de aquello de la manera de relatar los hechos, pero siempre será importante tratar de hablar en la misma lengua que hablan los receptores.

Francisco de Gois y los talleristas desembarcaron en el difícil arte de la crónica roja, tema sobre el cual el Chico afirmó que la gente siente que el mundo es inseguro, pero fuera de la casa propia. Se preguntó si los medios habrán acostumbrado a los receptores a este tipo de información, pero más bien se acogió la idea que la crónica roja se ha convertido en las páginas sociales de los pobres.

(Es interesante el ejercicio intelectual, dice Francisco de Gois, de analizar qué pasaría si los medios de comunicación no publicarían noticias de crónica roja. Es un ejercicio, porque la realidad es que los medios tampoco pueden abstraerse de noticias de esta naturaleza, aunque la diferencia estará en el tratamiento que los comunicadores den a tal o cual suceso)

Los hechos, los hechos

En Brasil –lo cuenta Chico- dos niñas denunciaron que autoridades de su escuela habían abusado sexualmente de ellas. El escándalo se armó, todos los medios alzaron su indignación en contra de los denunciados que, efectivamente, fueron a dar a la cárcel. Allí es fácil imaginar la pena con la que castigan los reclusos a quienes están acusados de violar a menores. Una investigación periodística posterior concluyó que no había habido tal abuso y que las niñas habían contado hechos que habían visto en la televisión. Y los acusados viven todavía un infierno, porque en estos casos la verdad se sabe tarde y poco.

No hay que olvidar que cuando se habla mal de alguien o de algo, la noticia se difunde muy rápido; pero cuando se habla bien, la información corre lenta. Esto sucede con más frecuencia cuando se mencionan palabras que tienen una fuerza interior devastadora, como aborto o abuso sexual.

En la crónica roja se distinguen dos tipos de noticia: aquella que es producto de la cobertura del hecho en sí y las historias que se puede obtener como resultado de este hecho. En este segundo caso es en el que el periodista tiene la oportunidad de investigar y descubrir detalles novedosos.

Elegir el periodismo de la ciudad se ha convertido en un reto muy importante, porque allí es donde la población siente que puede opinar y que su criterio es escuchado y es por esto que Chico insiste en que el periodista ha recibido un mandato del pueblo y debe actuar en consecuencia. La idea del taller, que se cumplió, fue la de administrar "una inyección de ánimo", pero funcionó también como una lección de conocimiento que será útil siempre y cuando los comunicadores entiendan que su profesión es, como Chico insiste siempre, un mandato del pueblo, que es imprescindible asumir con mística, pero también con la humildad con la que caminan las crónicas por el asfalto.

Francisco de Gois Filho: su pasión, en la reportería

Francisco de Gois Filho es periodista profesional graduado, en 1987, en la Universidad Metodista de São Bernardo do Campo.

En 1988 trabajó como revisor de textos en el Periódico O Estado de S. Paulo.

En 1989 realizó la misma función en el Diário Popular.

Posteriormente, y durante seis años, trabajó en el Diário do Grande ABC como redactor de las secciones: Cultura, Policial, Ciudad y Política, llegando a ser el editor de esta última.

Luego, por un año y medio se desempeñó como Secretario de Prensa de la Alcaldía de Maua, en la región ABC paulista.

En junio de 1996 volvió al Diário do Grande ABC como reportero especial.

En septiembre de 1997 regresó al Diário Popular como reportero de la sección "ciudades", especializándose en el tema de administración municipal.

Desde septiembre de 1999 hasta hoy es periodista del periódico la Folha de Sao Paulo, uno de los más importantes del continente.

Es autor del libro "Segredos da Máfia" (Secretos de la Mafia) publicado en el año 2000, que recoge una serie de informes y reportajes de su autoría, relacionados con el pago de coimas al Gobierno por parte de vendedores (as) de la calle.

En abril de 2001 fue nominado al premio "Folha", en la categoría mejor reportaje por una serie de temas que abordaban la creación de empresas de basura con un objetivo: obtener contratos con alcadías del Partido de los Trabajadores.

En 2002, fue uno de los ganadores del premio "Folha" de calidad periodística.

En junio de 2003 ganó, junto a su colega Alencar Izidoro, el premio "Folha" del bimestre mayo/junio, en la categoría mejor reportaje, con una serie sobre la corrupción en el sindicato de los conductores y los empresarios del transporte de Sao Paulo y su relación con offshores de Uruguay. El mismo reportaje fue galardonado con el premio "Embratel de Periodismo", uno de los más reconocidos de Brasil, premio "CNT de Transporte", categoría reportaje, y grand premio "Folha" de reportaje del año 2003.

En septiembre ganó otro premio bimestral "Folha" en la categoría mejor reportaje con un tema sobre los "sin techo".

En diciembre de 2003 fue nombrado al premio bimestral "Folha", también en la categoría reportaje, por su crónica sobre los carteros.

Fue profesor de periodismo en la Universidad Bandeirante. Fue becario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y de la Rutgers University (New Jersey, EE.UU.) donde siguió un curso sobre Historia Latinoamericana.

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