Solo para juglares. Taller de crónica con Francisco "El Pájaro" Febres Cordero
El 19 y el 23 de abril de 2004, el reconocido periodista ecuatoriano Francisco "El Pájaro" Febres Cordero se reunió con 22 colegas que escriben para 11 periódicos locales del país. El objetivo: compartir experiencias, analizar casos, ver nuevas formas de elaborar mejores crónicas.
Las citas, organizadas por el Programa de Periodismo Símbolos de Libertad, de ITABSA y por la Fundación El Universo, se realizaron en la capital ecuatoriana, Quito y en el puerto principal, Guayaquil.
"Más que dar mis visiones sobre esta apasionante profesión que nos tiene agarrados del cogote, quiero escuchar cuáles son sus inquietudes", propuso "El Pájaro" a los asistentes, invitándolos a soltarse y a compartir una charla rica en consejos y en prácticas cotidianas. Una de las inquietudes más recurrentes de los participantes fue cómo hacer un periodismo profundo cuando en los medios de comunicación se trabaja para el día, con la constante presión de tiempo.
Antes de adentrarse en el tema, recordó a los antecesores de los periodistas:los juglares. Personajes de la Edad Media, que iban de plaza en plaza, contando lo que sucedía en las ciudades aledañas, con los reyes, con los príncipes y con los plebeyos. Para atraer al público, esos singulares personajes, utilizaban las más insospechadas estrategias, basadas en malabares y en maromas. Todo para cautivar a su auditorio, ávido de historias.
El periodista de hoy, según "El Pájaro", no puede recurrir a los malabares de los juglares, su herramienta principal es la palabra y para dominarla solo hay una receta: la lectura. Por ello, "El Pájaro" aconsejó a los colegas, leer todo lo que caiga en sus manos. Les invitó a convertirse en lectores feroces, incluso de "malos textos", de los que se aprende cómo no se debe escribir. "Hay que leer todo. Absorber como si fuéramos una esponja", dijo "porque esa práctica constituye el camino para abrir la mente hacia otros aspectos del conocimiento".
Hay que saber de todo un poco, siempre es mejor
"El periodista es un especialista en generalidades. Esto quiere decir que en este oficio estamos obligados a saber un poco de todo: economía, política, arte, literatura, historia… En nuestro paso por la vida profesional podemos enfrentarnos a un asesino, a un futbolista o a un Presidente". Por ello, "El Pájaro" sugirió prepararse en todos los campos para poder enfrentar "con solvencia" un tema inesperado. Nuevamente, la fórmula para alcanzar esto es la lectura.
Decir que los periodistas son especialistas en generalidades no contradice la aplicación de las actuales y cada vez más difundidas especializaciones, correctas y válidas, por cierto. Pero no implica, bajo ningún punto de vista, que, so pretexto de la especialización, un periodista ignore un tema determinado porque, en el trajinar diario, esa preparación, le permitirá solventar cualquier eventualidad, sostuvo el conferencista.
El primer deber del periodista, dijo El Pájaro, es leer el periódico todos los días. Una jornada de trabajo sin ese ejercicio no es una buena jornada. Además, el comunicador debe alimentarse de lo que producen la radio, la televisión y los medios electrónicos. "Debemos autoalimentarnos con audición y con lectura. Paradójicamente, ese alimento es cada vez más angustioso, porque tanta información nos rebasa, nos acosa. Pero, hay que saber manejarla", sostuvo "El Pájaro".
Toda la preparación que se realice a través de la lectura permitirá al periodista un buen manejo de la palabra y del lenguaje, insumos principales para elaborar una crónica rica: con detalles, con descripciones y con una alta dosis de pasión. Y precisamente el taller de El Pájaro se centró en el tema de la crónica. ¿Cómo elaborla? Fue la receta que compartió con los participantes del taller.
La realidad, el ingrediente principal del periodista
Uno de los principales ingredientes que tiene el periodista para elaborar una crónica, un reportaje o una noticia es la realidad. Según El Pájaro, es la realidad, las cosas que suceden a nuestro alrededor el insumo primero y principal para construir un trabajo periodístico. A diferencia de los novelistas, de los escritores o de los poetas, los periodistas se alimentan de la realidad. Todo lo que los periodistas escriben es de la vida real, no hay fantasías. Y esta es, justamente, la base de credibilidad de un comunicador, enfatizó el conferencista.
Para El Pájaro, puede tratarse de una noticia dura (aquella que se escribe a diario en los periódicos y que relata un hecho determinado) o de una gran crónica (donde entra la investigación y la descripción de detalles) la sustancia principal es la misma: la realidad.
Aconsejó que la credibilidad debe ser el Dios del periodista. El mayor pecado es falsear la verdad. El periodista no puede darse el lujo de imaginar, de inventar: eso es para los escritores, para los poetas. El principal sustento del periodista es la credibilidad, insistió.
"El Pájaro" puso como ejemplo a la obra de Truman Capote, "A sangre Fría", una de las crónicas más famosas de la historia. El autor partió de un hecho real para escribirla: el asesinato de una familia en un pequeño pueblo de Estados Unidos. El acontecimiento -relatado como una noticia dura- pudo pasar desapercibido, pero gracias al ingenio de Capote, luego de varios años de investigación, se convirtió en una gran crónica.
Gabriel García Márquez, Truman Capote, Ernest Hemmingway, entre otros, son considerados los padres del "Nuevo Periodismo". Crearon crónicas a partir de noticias reales, recordó el Pájaro, ejemplificando a esos autores como los maestros de la crónica periodística.
El periodista, un intermediario entre la realidad y el público
"Los periodistas debemos estar siempre con las antenas puestas, con los sentidos bien despiertos, listos para pescar el hecho… caso contrario, corremos el riesgo de perder grandes historias. Las acciones, por más simples que parezcan, son grandes oportunidades para contar", dijo "El Pájaro". Es decir, los periodistas deben estar atentos a los hechos diarios, que a simple vista pueden parecer irrelevantes, pero si se hurga un poco se pueden prestar para grandes historias.
"Generalmente, luego de una noticia hay algo más que decir. Es el olfato el que nos permite saber dónde está la sustancia. Obviamente, no siempre se pueden esperar cosas relevantes, pero sí historias interesantes", enfatizó el conferencista quien recomendó a los periodistas ser más curiosos, acuciosos, adentrarse en los hechos.
El periodista es un intermediario entre la realidad y el público. "El Pájaro" criticó que en la televisión, principalmente, se tiende a minimizar los hechos y a resaltar la figura del reportero. Muchas veces, el hecho pasa a segundo plano, cuando debe suceder todo lo contrario, pues el periodista debe tratar de ser un anónimo. Además, puso el dedo en la llaga cuando habló de los entrevistadores que no entrevistan sino que agreden, de aquellos no dejan hablar sino que hablan. "Eso es aberrante", comentó el Pájaro.
Según el Pájaro, el periodista "jamás debe perder la capacidad de sorprenderse". Esa capacidad de sorpresa logrará que el periodista encuentre detalles que son clave a la hora de escribir una crónica. "Cuando el periodista cae en la rutina y llega al lugar de la cobertura de manera mecánica, pierde la oportunidad de ver detalles, de ir más allá de una simple noticia". Y precisamente la capacidad de describir el ambiente, de transmitir los detalles, es lo que hace que se pueda construir una crónica que atrape al lector.
Noticia dura, crónica, reportaje, ¿qué es qué?
Para "El Pájaro", la crónica y el reportaje son géneros periodísticos que tienen mucho en común: parten de hechos reales y se basan en la investigación. La diferencia entre ambos radica en la forma de escribir.
En la crónica, el periodista es un testigo de los hechos, está en la historia –sin ser parte de ella- se introduce en la mente de los personajes, navega por sus aguas y respira su aire. En el reportaje, en cambio, el periodista investiga los hechos, los analiza, pero no está tan cerca del escenario.
En la noticia dura, "el periodista cuenta un hecho despojado de la carne. Es el hueso lo que da al lector". La noticia dura es fácil de distinguir porque ofrece, de un bocado, las respuestas a las preguntas: qué, quién cuándo, cómo, dónde y por qué. La crónica, da al lector lo que éste ni siquiera se espera. En la crónica no hay reglas, va por lo insólito, por el detalle: los colores, el ambiente, los olores, los sabores, los reflejos…, dijo.
En una crónica, el autor es testigo del acontecimiento, es una voz que se deja oír, que se deja sentir. El cronista vive la historia y la trasmite a los lectores, directamente, a través de los detalles. En el reportaje, en cambio, el periodista transmite lo que le dijeron, lo que le manifestaron, lo que opinaron…
Sin reportería no hay crónica
Como se dijo anteriormente, la crónica puede nacer de una noticia dura, aparentemente simple y sin mayor connotación. No obstante, para elaborar una crónica tiene que efectuarse un trabajo de reportería serio y profundo, con estricto apego a la realidad y a la verdad.
Para "El Pájaro", la sorpresa es el elemento fundamental de la crónica. Ante una cobertura, los poros de la piel deben abrirse sin contención, como la boca de un sediento ante la frescura de un vaso con agua. Como ejemplo, el conferencista citó a una persona que va por primera vez a un estadio a mirar un partido de fútbol. ¿Qué ocurre? Todo. Le sorprende los gritos, la venta de la comida, las gradas frías, los olores de ungüento de los camerinos… Esos detalles son los que cuentan y son los que, muchas veces, se olvidan, se pierden… cuando la cobertura se vuelve cotidiana, aburrida.
Pero, no sólo la sorpresa es la salvación de un texto. También, hay que informarse, y mucho, antes de abordar un tema. "El gran maestro polaco Richard Kapucsinsky, por ejemplo, asegura que lee al menos cien obras relacionadas sobre el tema que va a escribir".
Además del conocimiento del tema, de la investigación, de la recreación de los hechos, el cronista tiene otra responsabilidad: la narración de los hechos, actividad bastante difícil. Luego de tener una montaña de datos, el periodista debe enfrentarse a la tortuosa tarea de narrarlos, exactamente como son. Aquí, "El Pájaro", brinda un sabio consejo de Picasso: "poner, poner y poner y luego quitar, quitar y quitar". "Es como hacer una liposucción, hasta dejar la obra perfecta".
Para ser un buen contador de historias –o un buen cronista- dice "El Pájaro", hay que probar y reprobar. Ser autocríticos. "El periodista tiene que volver a leer lo que escribe. Tiene que ensayar formas de introducción, tiene que probarse continuamente".
Construir una gran crónica implica, también, una gran dificultad: recoger las piezas de la obra antes de edificarla. Si, por ejemplo, en una investigación de un asesinato, la familia de la víctima se niega a proporcionar información, el trabajo puede caerse, pues los testimonios de primera mano son indispensables. En el caso citado, la familia es primordial. No es lo mismo que hablen los amigos o los vecinos de la víctima –de éstos, en último caso, puede prescindirse-. La familia es clave y por ello hay que saber ganarse la confianza, darles credibilidad y, sobre todo, respetar los acuerdos a los que se llegue para no herir susceptibilidades.
Según "El Pájaro", hay historias que se quedan en el camino por falta de información, por la imposibilidad de cotejar datos. "Si esto ocurre, es mejor quedarse sin crónica que quedarse con una mentira. La integridad no está en discusión".
Las crónicas son trabajos largos, donde entra en juego la paciencia. En vista de que la mayoría de medios de comunicación no dan el tiempo suficiente a sus periodistas para que produzcan una crónica, éstos tienen que inventarse estrategias para ganarle al reloj. Por ejemplo, pueden, en el transcurso de sus coberturas diarias, anotar los detalles que ven en su entorno y, luego, armar sus historias.
El periodista no tiene excusa para no escribir una crónica. Si bien, a veces, por razones de tiempo y de espacio, no es posible publicar un determinado tema, no hay que desanimarse. "Hay que vender la idea, hay que negociar con el editor, hay que estar armados de datos, de cifras, de detalles. Si la historia es buena, el espacio se abrirá". De esa manera, "El Pájaro" respondió una de las mayores inquietudes de los asistentes: cómo elaborar crónicas cuando el tiempo no les permite y tienen que cumplir con la tarea de llenar las páginas de los periódicos todos los días y con la presión del tiempo.
La crónica debe ganar por K.O.
La entrevista es uno de los elementos principales para construir una crónica. "Pero no la entrevista formal, seca, sino la que surge a manera de conversación". El conferencista advirtió que este ejercicio es como el trabajo de los caucheros, expertos en tajar los árboles con precisión para que brote la sabia. Si el tajo no está bien hecho, seguramente, no habrá material. Lo mismo ocurre con la entrevista: es el momento crucial para extraer información porque quizás, nunca más, sea posible volver a entrevistar al informante.
Al momento de la entrevista, "El Pájaro" aconseja centrarse en la repregunta. "Una respuesta puede dar la pauta para una repregunta sagaz. Para esto hay que estar atento, escuchar, dejar que el entrevistado hable, darle confianza. En la repregunta surgen frases desconocidas". Por ejemplo, si un entrevistado dice: "mi padre era estricto". Bien. Aquí cabe preguntar: "¿qué quiere decir con estricto?" Ahondar en detalles, antes que en calificativos simples, es la clave. Ese es un ejemplo que El Pájaro tomo del Libro de la Revista Semana.
El primer párrafo de una crónica marcará el ritmo y las ganas de un lector para continuar con la lectura o para abandonarla sin clemencia. Es la introducción la que abre al público un mundo de revelaciones, que continuará línea a línea, aconsejó "El Pájaro".
El cuerpo de la crónica, según "El Pájaro", debe ser como una sinfonía, con ritmos y tonos que atrapen al lector.
El primero y el último párrafos deben trabajarse con el objetivo de dar al lector la sensación de una descripción maravillosa, llena de detalles, llamando a las cosas por su nombre y sin divagaciones.
Si el comienzo importa, el final, también. Éste debe tener relación íntima con el principio. "El Pájaro" hace referencia a las palabras de Julio Cortázar, quien decía que la novela se gana por puntos y el cuento por K.O. En este caso, la crónica es un símil del cuento.
De esta manera, El Pájaro concluyó su charla, no sin antes reiterar: "no soy de aquellos que aceptan reglas: si ellas están ahí es solo para ser despanzurradas. Todo acto creativo supone un ejercicio de libertad en que, tal como en el cachascán, todo vale. Obviamente, igual que en cualquier encuentro de lucha libre, hay quien gana y hay quien pierde. En un texto, a veces gana el escritor, que acorrala al lector y no lo suelta hasta que suena la campana que marca el final del combate; a veces pierde, cuando el lector se desentiende y comienza, burlando, a saltarse renglones, párrafos enteros o, en el peor de los casos, decide abandonar el cuadrilátero con un gesto de desprecio". El reto es grande y puede alcanzarse, asegura El Pájaro, con formación, investigación y pasión por lo que se hace.
If you enjoyed this post, please consider to leave a comment or subscribe to the feed and get future articles delivered to your feed reader.



Comments
No comments yet.
Leave a comment