Javier Darío Restrepo: "La opinión es una verdad provisional"
Javier Darío Restrepo, maestro de ética periodística y columnista del Diario El Colombiano de Medellín, habla sobre la columna de opinión: su veracidad, la autenticidad de sus fuentes, la oportunidad de sus enfoques y el profesionalismo con que debe ser asumido.
¿Qué papel cumple el columnista de opinión en la actualidad?
La gente se pregunta en medio de tanta información que ofrecen los medios: ¿Por dónde son las cosas? ¿Hacia donde van los hechos? Creo que el buen columnista ha reemplazado a los agoreros, y aquellas mujeres célebres que leían el futuro en las entrañas de los animales que se les sacrificaban a los dioses. Los buenos columnistas actúan de la misma manera, como si estuvieran leyendo en las entrañas de los acontecimientos cual es el desarrollo que van a tener.
¿Cúales serían las características de una buena columna de opinión?
Que tú leas la primera línea y te sientas obligado a leer la segunda, la tercera y así hasta el final. Eso significa un manejo del idioma, una capacidad creativa. Algo completamente contrario a esa tradición que hubo de señores y señoras opinadores que se sentaban a la máquina de escribir y se decían: ¿Sobre que voy a opinar hoy? Y escribían sobre lo que se le iba ocurriendo, lo que se les pasaba por la cabeza. Además, hoy el lector está aprendiendo a rechazar a esos columnistas que utilizan la columna para defender sus propios intereses, o para defender un negocio, o para defender un empleo, o para defender sus odios personales.
¿La base del buen periodismo es la reportería. La columna de opinión está exenta de esa obligación?
El columnista le tiene que enseñar a los otros periodistas algo que es el principio ético fundamental para una buena columna de opinión y es que su base debe ser una verdad comprobada, examinada, investigada y sólida. La peor columna de opinión es la que no tiene en cuenta la verdad y acomoda los hechos a una opinión preestablecida.
La base de cualquier columna de opinión respetable es la investigación. Cuando uno degusta una buena columna de opinión va encontrando sus respaldos: aquí hubo investigación en este sentido, utilizó estas fuentes, y así va descubriendo el esqueleto de una buena columna que siempre es una sólida investigación. Cuando en cambio, se comunica rutina, aburrimiento y bostezo, la columna hace más mal que bien, porque crea rutina y pereza intelectual.
¿Usted cree que el columnista de opinión, como periodista ya lo sabe todo?
No. Yo creo que el buen columnista de opinión siempre está afinando sus armas. Sus recursos. Siempre está abierto a aprender sobre la mejor manera de hacer su columna. De mejorar su capacidad de expresión. Por ejemplo, después de este viaje, voy a desarrollar un taller con los columnistas de mi periódico, acerca de las técnicas para escribir la columna de opinión.
¿Qué resultados debe buscar un comentarista de prensa?
La opinión no es una verdad definitiva, la opinión es una verdad provisional. Yo no puedo escribir mi columna como si esa fuera la verdad revelada, yo escribo mi columna sabiendo que es un estado intermedio entre la duda y la certeza, y yo estoy en la mitad, invitando a quien me lee a que siga pensando en eso. Le doy unos elementos y a lo mejor él puede llegar a una certeza o puede hundirse en la duda, pero de todas maneras espero que no se quede quieto. El fracaso de la columna de opinión es que sus lectores se queden quietos o se queden dormidos.
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